sábado, 24 de enero de 2015

Los juegos del hambre en llamas

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Sujeto  el termo con ambas manos, aunque el calor  del té se perdió hace un rato  en el aire  helado. Tengo  los músculos tensos de frío. Si apareciese una    jauría    de    perros   salvajes   ahora    mismo,   no    tendría   muchas posibilidades de trepar a un árbol  antes  de que  me  atacasen. Tendría que levantarme, moverme y dejar  que  la sangre volviese a circularme por  las extremidades, pero,   en  vez  de  hacerlo, me  quedo sentada, tan  inm óvil como  la  roca  que  tengo debajo, mientras el  alba  empieza a  iluminar el bosque.  No   puedo  luchar  contra   el   sol,   sólo   puedo  observar   con impotencia cómo  me arrastra a un día que llevo  meses  te miendo.