sábado, 24 de enero de 2015

El alquimista

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Yendo ellos por el camino entraron en cierto pueblo. Y una mujer, llamada Marta, los hospedó en su casa. Tenía ella una hermana, llamada María, que se sentó a los pies del Señor y permaneció allí escuchando sus enseñanzas. Marta se agitaba de un lado a otro, ocupada en muchas tareas. Entonces se aproximó a Jesús y le dijo: —¡Señor! ¿No te importa que yo esté sirviendo sola? ¡Ordena a mi hermana que venga a ayudarme! Le respondió el Señor: —¡Marta, Marta! Andas inquieta y te preocupas con muchas cosas. María, en cambio, escogió la mejor parte, y ésta no le será arrebatada.